Cuando una infección viral alcanza su punto álgido, los síntomas estallan. Sin embargo, un virus no elige al azar qué parte del cuerpo atacar. Si la gripe congestiona la garganta y la hepatitis inflama el hígado, se debe a una afinidad molecular ultraespecífica conocida como tropismo tisular: la correspondencia exacta entre las proteínas de la superficie viral y las moléculas receptoras de nuestras células.
El código de acceso celular
Para colonizar un tejido, el virus necesita que sus proteínas encajen con precisión tridimensional en los receptores de la membrana celular. Esta cerradura bioquímica dicta su destino:
- VIH: Utiliza la proteína de superficie CD4 junto con correceptores de quimiocinas para infiltrarse selectivamente en los linfocitos T del sistema inmunitario.
- Rabia: Aprovecha los receptores de acetilcolina en las uniones neuromusculares, asegurando un pase directo hacia los cables del sistema nervioso.
- Viruela y vaccinia: Emplean el receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR), lo que explica su predilección por multiplicarse en la piel y generar las lesiones cutáneas características.
- Virus de Epstein-Barr (mononucleosis): Requiere un relevo biológico: primero infecta el epitelio de la faringe y luego utiliza el receptor CD21 para afincarse de forma duradera en los linfocitos B.
El daño colateral y el «fuego amigo»
Los síntomas no siempre son causados por la destrucción directa del tejido a manos del virus. En muchas ocasiones, el cuadro clínico es el resultado de la propia respuesta defensiva del organismo. En la hepatitis viral, por ejemplo, gran parte del fallo hepático no se debe a que el virus destruya los hepatocitos, sino a que los linfocitos T de nuestro sistema inmune provocan una inflamación masiva al intentar liquidar las células infectadas.
El callejón sin salida evolutivo
Existe una paradoja fascinante en virología: el tejido que genera los síntomas más graves no siempre ayuda al virus a transmitirse.
- Contagio silencioso: El VIH se propaga con facilidad durante años de fase asintomática, y el virus del herpes simple (VHS) puede excretarse en la saliva y contagiar a otra persona sin que existan aftas o calenturas visibles.
- El error de cálculo del poliovirus: El hábitat natural del poliovirus es el intestino, desde donde se excreta en las heces para continuar su ciclo biológico sin causar grandes estragos. Sin embargo, las neuronas motoras poseen un receptor similar por mera coincidencia evolutiva. Cuando el virus invade accidentalmente el sistema nervioso central, destruye las neuronas y causa parálisis permanente. Para el poliovirus, esto es un «callejón sin salida»: un accidente biológico que destruye al hospedador sin ofrecer ninguna ventaja para contagiar a otros.